martes, 11 de mayo de 2010

Más allá del ancho océano



En épocas de crisis, surge la necesidad de conquistar nuevos territorios, de romper fronteras, de fugarse. El terruño se hace pequeño y los recursos cercanos se agotan. Los horizontes se convierten en límites para el crecimiento, vital, cultural, económico... Aparece como inevitable abrir nuevos caminos. Eso parece haber pensado Garzón, acosado por las fuerzas del pasado nacionalguerracivilista e impotente para desasirse de las imputaciones que lo han sentado en el banquillo, ha decidido irse a la Corte Penal Internacional para abrir las fosas de otras dictaduras, ya que en España eso parece difícil, se quieren bien cerradas. Pero ocurre con esto, lo que con otras huidas, o exilios, en el fondo se busca el refugio en la otredad del más allá. La reciente versión de Alicia en el país de la maravillas, de Tim Burton, me ha parecido un poco también la relectura de un clásico infantil bajo el prisma de la huida, de la fuga. La Alicia que nos presenta Tim Burton es una adolescente inquieta que descubre que el mundo que le rodea es machista, retrógrado, opresor, mezquino, mentiroso... y tras un descenso iniciático a las cloacas del subconsciente decide actuar... y huye al "nuevo mundo", al nuevo mundo que su padre dejó entreabierto pero por descubrir. Alicia se embarca para abrir nuevos caminos, como si el camino cambiara su mundo, como si tras el camino el mundo fuera mejor, o con la esperanza de conquistar, cambiar, colonizar. Dejar atrás y olvidar. Quizá Garzón, tras el paseo por los infiernos de la España profunda, busque encontrarse más allá.

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